La Gran Revalorización: Por qué la marcha del oro hacia los 4.900 dólares indica un cambio estructural, no una burbuja

Las previsiones de UBS, Goldman Sachs y Deutsche Bank convergen ahora en torno a un escenario dramático pero cada vez más plausible: en 2026, el oro cotizará entre 4.450 y 4.900 dólares por onza, con vías realistas hacia niveles aún más altos si se intensifican las presiones geopolíticas, monetarias o fiscales. Lo que distingue esta nueva perspectiva de los ciclos alcistas anteriores es el reconocimiento de que la subida del oro no es una reacción a corto plazo a la volatilidad, sino una recalibración a largo plazo de cómo los inversores y los gobiernos distribuyen el riesgo en un mundo más fragmentado.

UBS desencadenó una nueva ronda de revisiones al alza al elevar su objetivo de referencia para mediados de 2026 a 4.500 dólares y su hipótesis alcista a 4.900 dólares. El banco enmarca el ascenso del oro como el producto de múltiples fuerzas que interactúan: el empeoramiento de la trayectoria de las finanzas públicas de EE.UU., la expectativa de un descenso de los tipos de interés reales, un entorno político frágil en EE.UU. y unas tensiones geopolíticas que no dan señales de remitir. Para UBS, los retrocesos del mercado a principios del cuarto trimestre fueron engañosos: reflejaban cambios de impulso técnico más que un debilitamiento de los fundamentos. Su opinión está respaldada por los datos: Según el Consejo Mundial del Oro, los bancos centrales han comprado 634 toneladas de oro este año, y UBS espera que la acumulación total en 2025 alcance las 900-950 toneladas, reforzando el precio mínimo del metal. Los flujos de ETF también confirman la persistencia del apetito, con 222 toneladas de entradas hasta la fecha y una demanda de lingotes y monedas que supera las 300 toneladas por cuarto trimestre consecutivo. En este contexto, UBS insiste en que las carteras mundiales siguen "infraasignadas" al oro y que una asignación de un dígito medio tiene sentido desde el punto de vista estratégico.

Goldman Sachs refuerza esta idea con una explicación más estructural: el mercado del oro es demasiado pequeño para absorber los flujos de diversificación, incluso mínimos, de los mercados de renta fija mundiales. Sus economistas señalan que los ETF mundiales de oro son 70 veces más pequeños que el mercado del Tesoro de EE.UU., lo que significa que incluso un modesto cambio en las asignaciones del sector privado crearía una presión alcista desproporcionada sobre los precios. Goldman mantiene una previsión de 4.900 dólares para finales de 2026 y destaca dos factores dominantes. En primer lugar, las compras de los bancos centrales han aumentado a un nivel estructuralmente más alto desde 2022, cuando la congelación de las reservas de Rusia obligó a los mercados emergentes a reconsiderar la definición de "activo seguro"; en segundo lugar, el próximo ciclo de recorte de tipos de la Fed debería debilitar el dólar y aumentar el atractivo de los activos sin rendimiento, como el oro. En lo que va de año, los precios al contado ya han subido casi un 60%, apoyados por los fuertes flujos de ETF occidentales y el fuerte aumento de la demanda por parte de inversores minoristas que buscan protección frente a las tensiones geopolíticas y comerciales. Goldman añade que en escenarios de inestabilidad fiscal o dudas sobre la independencia de la Reserva Federal, el oro podría superar incluso su propia línea de base alcista.

Deutsche Bank añade más peso al consenso revisando su previsión para 2026 de 4.000 a 4.450 dólares y proyectando un rango de cotización entre 3.950 y 4.950 dólares. Lo que destaca en su análisis es la perspectiva de la oferta: las compras de los bancos centrales y las entradas de ETF absorben ahora una parte tan importante de la oferta anual que el sector joyero se ve cada vez más limitado. Esta restricción estructural significa que las entradas de ETF por sí solas deberían mantener un sólido suelo de precios en torno a 3.900 dólares el próximo año. Por otra parte, los años de escasez de oferta de plata, platino y paladio -visible en las elevadas tasas de arrendamiento- sugieren que todo el complejo de metales preciosos se está volviendo más sensible al impulso alcista del oro. La proyección a más largo plazo del Deutsche Bank de 5.150 dólares en 2027 se mantiene sin cambios, lo que refleja la creencia de que la incertidumbre mundial no es cíclica, sino arraigada.

El comportamiento minorista e institucional en los mercados físicos de toda Europa valida aún más esta tesis. La Real Casa de la Moneda registró un aumento interanual del 102% en los ingresos por venta de monedas de inversión durante el tercer trimestre, junto con un incremento intertrimestral del 6%. La inversión en plata experimentó un impulso extraordinario, con un aumento de las ventas de monedas del 44% respecto al trimestre anterior y del 83% interanual. La inversión en platino alcanzó un máximo histórico, mientras que la plataforma DigiGold de la Casa de la Moneda registró un crecimiento del 156% en las entradas. En octubre se registró un aumento del 70% en el número de compradores, con un gasto medio que se duplicó en comparación con el año anterior. Estas cifras apuntan a una base en rápida expansión de inversores que buscan seguridad a través de activos duros. Curiosamente, esta fuerte demanda del Reino Unido contrasta fuertemente con la de Estados Unidos, donde las compras de lingotes y monedas cayeron a 7 toneladas en el tercer trimestre -el nivel más bajo desde 2017-2019-, lo que pone de manifiesto una división regional en la percepción del riesgo.

En el ámbito geopolítico, China ha introducido una nueva dimensión con el anuncio de un hallazgo de oro ultra grande: un yacimiento de 1.444 toneladas en la provincia de Liaoning, el mayor hallazgo desde 1949. Aunque de baja ley, el yacimiento representa un logro simbólico y estratégico, sobre todo por la excepcional rapidez de la exploración: sólo 15 meses a cargo de casi 1.000 técnicos y trabajadores estatales. Sin embargo, incluso con este descubrimiento, China se enfrenta a un desajuste interno: en 2024, produjo 377,24 toneladas, pero consumió 985,31 toneladas, con una demanda de barras y monedas que aumentó más de un 24% interanual. El nuevo depósito hace poco por aliviar la brecha estructural entre la producción nacional y el consumo; en cambio, subraya la creciente determinación de China por asegurar las reservas nacionales a medida que el oro se convierte en un elemento central para la preservación de la riqueza nacional en medio de los riesgos monetarios mundiales.

La convergencia de las previsiones institucionales, el comportamiento del mercado físico y los acontecimientos geopolíticos sugiere un profundo cambio en la forma en que la economía mundial trata el oro. Los crecientes déficits fiscales, las repetidas conmociones geopolíticas, la militarización de los activos financieros y el debilitamiento de la confianza en las monedas refugio tradicionales han creado un entorno en el que el oro ya no es sólo una cobertura, sino que se está convirtiendo en una reserva estratégica tanto para los Estados como para los particulares. El movimiento del oro hacia los 4.900 dólares no es, por tanto, una anomalía especulativa, sino el resultado lógico de un profundo cambio estructural. Si la diversificación del sector privado se acelera, como advierte Goldman Sachs, incluso estos ambiciosos objetivos pronto podrían parecer conservadores.

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