El repunte del oro en 2025 ha puesto en entredicho el supuesto tradicional de que las fuertes subidas de precios deben ir seguidas de profundas correcciones. Los precios registraron su mayor subida anual desde la crisis del petróleo de 1979 y se duplicaron en los dos últimos años, alcanzando un récord cercano a los 4.380 dólares por onza troy en octubre, tras no haber superado nunca los 3.000 dólares antes de marzo. En ciclos anteriores, un movimiento semejante habría desencadenado casi automáticamente expectativas de desplome. En cambio, los analistas de JP Morgan, Bank of America y Metals Focus sostienen cada vez más que el oro está entrando en un régimen de precios estructuralmente más altos, con niveles en torno a los 5.000 dólares por onza en 2026, que ahora se consideran más plausibles que extremos.
Del analítico
La subida de la plata hasta un nuevo máximo histórico de unos 67 dólares la onza en diciembre de 18 marca una de las historias más sorprendentes de las materias primas en 2025. Después de pasar gran parte de la última década atrapado en un estrecho rango entre 15 y 25 dólares, el metal duplicó con creces su valor en un solo año. Esta ruptura no se produjo gradualmente.
El comportamiento del oro en 2025 ha sido extraordinario en términos históricos. Los precios han subido más de un 60% en dólares, la mayor subida anual en casi medio siglo, y en términos ajustados a la inflación el oro nunca ha sido más caro. La historia ofrece un paralelismo cauteloso: tras tocar techo a finales de 1979, el oro perdió casi dos tercios de su valor en los cinco años siguientes. Esta comparación plantea inevitablemente la cuestión de si el repunte actual es otra burbuja o si el oro está respondiendo a un entorno mundial fundamentalmente diferente.
La subida de la plata por encima de los 58 dólares la onza a principios de diciembre es mucho más que una reacción a la volatilidad a corto plazo. El metal ha alcanzado máximos históricos, superando niveles inéditos incluso durante anteriores mercados alcistas, y los factores que impulsan este movimiento apuntan a un…
Las previsiones de UBS, Goldman Sachs y Deutsche Bank convergen ahora en torno a un escenario dramático pero cada vez más plausible: en 2026, el oro cotizará entre 4.450 y 4.900 dólares por onza, con vías realistas hacia niveles aún más altos si se intensifican las presiones geopolíticas, monetarias o fiscales. Lo que distingue esta nueva perspectiva de los ciclos alcistas anteriores es el reconocimiento de que la subida del oro no es una reacción a corto plazo a la volatilidad, sino una recalibración a largo plazo de cómo los inversores y los gobiernos distribuyen el riesgo en un mundo más fragmentado.
Las violentas oscilaciones del oro a finales de 2025 han reavivado un debate ya conocido: ¿está perdiendo impulso por fin el largo rally o los inversores interpretan erróneamente el ruido a corto plazo como un cambio en la tendencia subyacente? La respuesta, cada vez más respaldada por los datos del Consejo Mundial del Oro, el comportamiento del mercado seguido por The Economist y las previsiones de UBS y Bloomberg, es que los fundamentos a largo plazo del oro siguen no sólo intactos, sino más sólidos que en cualquier otro momento de la última década.
La abrupta revisión por parte de China de las normas del impuesto sobre el valor añadido para el sector del oro -anunciada el 1 de noviembre de 2025 y válida hasta finales de 2027- marca uno de los cambios políticos más importantes que el mercado nacional de lingotes ha visto en una década.
Tras un repunte explosivo que disparó los precios de la plata casi un 40% en sólo dos meses -con un máximo de 54,48 $ el 17 de octubre-, el mercado experimentó una brusca corrección, con una caída del 16% hasta los 45,56 $ el 28 de octubre. Aunque desde entonces los precios se han recuperado un poco, cotizando en torno a los 48 dólares en el momento de escribir estas líneas, la volatilidad ha suscitado…
El tercer trimestre de 2025 fue extraordinario para el mercado mundial del oro. Según datos del Consejo Mundial del Oro, la demanda total de oro -incluidas las transacciones extrabursátiles (OTC)- aumentó un 3% interanual hasta alcanzar las 1.313 toneladas, el nivel trimestral más alto jamás registrado. Sin embargo, la verdadera magnitud de este aumento se aprecia mejor en términos de valor: la demanda de oro se disparó un 44%, alcanzando los 146.000 millones de dólares sólo en el tercer trimestre.
Octubre de 2025 será recordado en el mercado de metales preciosos como el mes en el que la plata recuperó brevemente el protagonismo, superando la barrera psicológica de los 50 dólares por onza, sólo para retroceder por debajo de esa marca en cuestión de días. Lo que parecía una reivindicación largamente esperada por los alcistas de la plata se convirtió en una lección sobre lo frágil que puede ser el impulso en un mercado plagado de déficits estructurales, cuellos de botella en la oferta y una creciente incertidumbre geopolítica y económica. Para entender lo que ha ocurrido realmente -y lo que revela sobre el papel de la plata en el sistema financiero mundial- debemos mirar más allá de los titulares y adentrarnos en la mecánica profunda de este volátil metal.